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La política según Francisco, por Ernesto Cavassa, S.J

2 febrero, 2018
La política según Francisco, por Ernesto Cavassa, S.J
Cristianismo
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as más altas de la caridad, porque es servir al bien común. Y yo no puedo lavarme las manos: cada uno de nosotros debe hacer algo” (Santa Marta, 16 de setiembre del 2013).

Viendo nuestros noticieros cada día, es difícil imaginar la política como “una de las formas más altas de la caridad”. Sin embargo, para Francisco –como para sus antecesores– lo es. ¿La razón? La política –en su sentido más propio– se preocupa del “bien común”, anteponiéndolo a los intereses particulares. La novedad de Francisco es el punto de vista desde el que plantea el “bien común”; este es el indefenso, el vulnerable, el débil. Por ello, se va a las periferias de Europa (las islas de Lampedusa y Lesbos) para increparle al continente su falta de solidaridad con los desplazados africanos, sirios e iraquíes. Sin preguntarles si son o no católicos, lo que le importa al Papa es su situación: forzados a salir de su patria, viven en condiciones infrahumanas. Por ello, en su Evangelii gaudium (2013) expresa: “¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!”.

A Francisco le duele la vida de los pobres y reclama para ellos las tres ‘t’: tierra, techo y trabajo. En sus discursos en el campo de Kangemi, uno de los barrios más pobres de Nairobi (Kenia), o en el segundo encuentro mundial de movimientos populares en Santa Cruz (Bolivia). Para el Papa, estos “son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra”. En su discurso ante la ONU, el 25 de setiembre del año pasado, el Papa vincula el bien común –que deben buscar los representantes de los estados “dejando de lado intereses sectoriales”– con la defensa de los más pobres: “La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente”, dice.

Finalmente, para Francisco la política es diálogo. En su encuentro con la clase dirigente de Brasil, les recuerda: “Cuando los líderes de los diferentes sectores me piden un consejo, mi respuesta siempre es la misma: diálogo, diálogo, diálogo… Esta actitud abierta, disponible y sin prejuicios, yo la definiría como humildad social, que es la que favorece el diálogo… Hoy, o se apuesta por el diálogo, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos perdemos, todos perdemos. Por aquí va el camino fecundo”.
No está de más recordarlo ahora que iniciamos una nueva administración gubernamental.

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